Projeto Epafras
Projeto Epafras
La
oración que sana
Felicidad
es...
¿Qué
contestaría usted?
¿Enriquecer?
¿Ponerse
más guapo?
¿Comprar
un Mercedes?
¿Hacer
una cirugía plástica?
¿No
morir nunca?
¿Vivir
un gran amor?
¿Tener
un hijo?
Todas
las personas se hacen un ideal de lo que es la tal felicidad,
se la ponen en su horizonte y... Se la buscan!
Nuestro
personaje hoy es Ana. Ella no es distinta de nosostros. Lea:
Hubo
un varón de Ramathaim de Sophim, del monte de Ephraim, que se
llamaba Elcana, hijo de Jeroham, hijo de Eliú, hijo de Thohu,
hijo de Suph, Ephrateo. Y tenía él dos mujeres;
el nombre de la una era Anna, y el nombre de la otra Peninna. Y
Peninna tenía hijos, mas Anna no los tenía.
Y
subía aquel varón todos los años de su ciudad, á
adorar y sacrificar á Jehová de los ejércitos en
Silo, donde estaban dos hijos de Eli, Ophni y Phinees, sacerdotes de
Jehová. Y cuando venía el día, Elcana
sacrificaba, y daba á Peninna su mujer, y á todos sus
hijos y á todas sus hijas, á cada uno su parte. Mas
á Anna daba una parte escogida; porque amaba á Anna,
aunque Jehová había cerrado su matriz. Y su
competidora la irritaba, enojándola y entristeciéndola,
porque Jehová había cerrado su matriz. Y así
hacía cada año: cuando subía á la casa de
Jehová, enojaba así á la otra; por lo cual ella
lloraba, y no comía. Y Elcana su marido le dijo: Anna,
¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y
por qué está afligido tu corazón? ¿No te
soy yo mejor que diez hijos? Y levantóse Anna después
que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba
sentado en una silla junto á un pilar del templo de Jehová,
Ella con amargura de alma oró á Jehová, y
lloró abundantemente. E hizo voto, diciendo: Jehová
de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de
tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu
sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo
dedicaré á Jehová todos los días de su
vida, y no subirá navaja sobre su cabeza. Y fué
que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba
observando la boca de ella. Mas Anna hablaba en su corazón,
y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y
túvola Eli por borracha. Entonces le dijo Eli: ¿Hasta
cuándo estarás borracha?; digiere tu vino. Y Anna
le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo
soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni
sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. No
tengas á tu sierva por una mujer impía: porque por la
magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta
ahora. Y Eli respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel
te otorgue la petición que le has hecho. Y ella dijo: Halle tu
sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino,
y comió, y no estuvo más triste. Y levantándose
de mañana, adoraron delante de Jehová, y volviéronse,
y vinieron á su casa en Ramatha. Y Elcana conoció á
Anna su mujer, y Jehová se acordó de ella Y fué
que corrido el tiempo, después de haber concebido Anna, parió
un hijo, y púsole por nombre Samuel, diciendo: Por cuanto lo
demandé á Jehová.
(1
Samuel 1:1-20 RVA)
Ana
llevaba un drama personal – ¡no tenía hijos! Su
problema era agravado de un lado por Peninna,
sua competidora, que la irritaba, enojándola y
entristeciéndola, porque Jehová había cerrado su
matriz. De otro, había el intenso amor de su
marido que, por lo visto, sólo aumentaba su amargura – via o
intenso amor de seu marido que, pelo visto, só aumentava sua
amargura – Anna, ¿por qué
lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué
está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor
que diez hijos? (- Una
verdadera olla express – ¿Usted ya se sintió así?).
Vitoriosa
en el amor, pero derrotada en la maternidad, Ana cargaba una
oscuridad en su íntimo que le daba lástima. Entonces,
cansada de sufrir, ¡ella decidió buscarse la vida!
Y
fue al sitio correcto – el Templo – donde, en la presencia del
Padre, podría exponer su sufrimiento.
Ana
puso delante del Señor toda la oscuridad de su íntimo – oró
á Jehová, y lloró abundantemente.
Su oración tenía una expresión facial y corporal
tan marcante que el sacerdote Eli, seguramente acostumbrado a ver
personas orando, se fijó en Ana y la interpeló. Ana no
tuvo dificuldades en poner sus sentimientos para una persona en quien
podía confiar.
Tras
el sumo sacerdote haberla bendecido, ella volvió a su casa
cambiada (¿Se acuerda que ella ya no comía?). Pues
cuando llegó a casa su aspecto ya no era el mismo -
ciertamente acostumbrado a ver personas orando, reparó en Ana
y le interpeló. Ana no tuvo dificultades en exponer sus
sentimientos a las personas en que pudiera confiar. Tras la bendición
del sumo sacerdote Eli, ella volvió diferente a su casa (¿se
acuerda de que ella estaba sin alimento?). Pues bien, cuando llegó
a su casa empezó a comer y su aspecto ya no era el mismo – Y
fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más
triste. Y levantándose de mañana, adoraron delante de
Jehová, y volviéronse, y vinieron á su casa en
Ramatha. Y Elcana conoció á Anna su mujer, y Jehová
se acordó de ella.
La
oración y la sanación:
Lo
que nos llama la atención es que la depresión dejó
a Ana después de la oración y antes de la respuesta a
la oración que ella había hecho. Eso pasó
pronto después de que Ana hubiera puesto delante del Padre la
amargura de su ánima y mucho antes de tener el hijo que
deseaba.
Conclusión:
¡Ana fue curada de su depresión por la oración
y no por la respuesta a su oración! ¿Por qué?
Porque solamente cuando exponemos al Padre nuestro corazón
dolido es que estamos aptos a recibir el abrazo de Él y probar
de su amor. Y cuando pasa eso, aceptamos incluso que el Padre guie
nuestra vida en rumbos distintos de nuestros deseos. ¡Él
nos invita a soñar nuevos sueños con Él!
Fue
lo que pasó a Ana – la existencia del hijo no fue más
necesaria para que ella se sintiera bien. La comunión
com el Padre nos trae más grande amor de lo que podemos probar
em cualquier condición o situación de vida, sea soltero
o casado, rico o pobre, guapo o feo, con o sin hijos, etc.
Nuestra
vida plena no depende de ninguna de esas condiciones especiales de
vida, sino solamente del amor del Padre – total e ilimitado.
Y
entonces la oración sana, incluso antes de la respuesta.
Buena
meditación.
Jorge
Wilson